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viernes, 5 de diciembre de 2014

Cuervos sobre el trigal: La muerte de Van Gogh



Cuervos sobre el trigales es el último y uno de los trabajos más famosos de Van Gogh. En primer plano encontramos el punto de unión de los tres caminos que parten hacia diferentes direcciones; entre ellos, los campos de trigo en todo su esplendor, iluminados por la luz nocturna que tanto atrajo a Vincent durante toda su vida. Casi la mitad superior de la tela está ocupada por un cielo oscuro, excepto dos manchas arremolinadas que se aclaran ligeramente. Los cuervos revolotean por el trigal.
El propio Vincent admitió que quería expresar tristeza y una extremada soledad cuando realizó este trabajo, transcurriendo unos delicados momentos por la dramática situación que atraviesa su hermano Theo y de la que él se siente responsable.
Es ésta la razón por la que numerosos especialistas consideran a este lienzo como una especie de testamento pictórico, anticipando su trágico destino que pronto tendría lugar. El 27 de julio de 1890 Van Gogh sale por la tarde al campo que refleja en su esplendor en todos estos cuadros y se dispara un tiro. Regresa a su habitación con fuertes dolores y confiesa su intento de suicidio. Los médicos deciden vendarle la herida pero no le extraen la bala; a la mañana siguiente. El 29 de junio fallece Vincent van Gogh, quien a través del color ha sabido manifestar sus sentimientos como pocos artistas, sirviéndose de los tonos como vehículo de expresión.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Picasso y Gertrude Stein

Gertrude Stein era una joven millonaria americana que apareció en la escena parisina en 1903 para profundizar en su carrera de psicología. Era miembro de una rica familia de origen judío y físicamente no muy agraciada, asemejándose en primer lugar a un senador romano para parecerse después a una imagen de Buda.

A petición de Stein, Picasso comenzó un retrato de ella en 1905, pero se estuvo peleando con el rostro y sólo después de más de noventa sesiones lo consiguió acabar.
El retrato fue empezado en un estilo vinculado con la época rosa y gustaba cuando era enseñado a los conocidos, pero a Pablo no le acababa de satisfacer. En uno de sus habituales impulsos, un día pintó de nuevo la cabeza y cuando Gertrude contempló el resultado escuchó de su amigo: "Es que no la veo a usted cuando la miro". 

Luego Picasso se marchó de vacaciones a España,  realizó lienzos que enfatizaban una nueva angulosidad y geometría Así a su regreso, Picasso volvió a retomar el retrato y repintó el rostro de Stein. Sus rasgos se convirtieron en una máscara, con la boca esbozada en una firme línea, la mejilla oval y los ojos en forma de almendras asimétricas. A sus amigas no les gustaba el cuadro, pero a Stein sí, y afirmó con su típica prosa retorcida: “soy yo, y es la única reproducción de mí que siempre seré yo misma, para mí”.

La obra no fue nunca más retocada a pesar de las enormes críticas que sufrió de parte de los amigos de ambos y cada vez que esto sucedía decía: "Todos piensan que ella no se parece en nada al retrato, pero no hay que preocuparse; al final, llegará a ser exactamente así"



viernes, 21 de noviembre de 2014

Girasoles entre Van Gogh y Gauguin

Van Gogh, con su alma llena de ánimo durante su estancia en su hermosa casita amarilla de Arles y sobre todo ante la perspectiva de la visita de su admirado Gauguin, decoró su habitación con seis cuadros de girasoles.
Gauguin la describió de esta forma:

En mi habitación amarilla había girasoles de ojos púrpura sobre un fondo amarillo. Estaban en un jarrón amarillo sobre una mesa amarilla. En una esquina del cuadro estaba la firma del pintor: Vincent. El sol amarillo que brillaba a través de las cortinas amarillas de la habitación inundaba de oro toda esta magnífica flor [...] Oh, sí, el divino Vincent amaba el amarillo [...] yo adoraba el rojo

Los girasoles, se convirtieron en un símbolo de la relación entre los dos pintores. Cuando se conocieron en París, en 1887, Gauguin le pidió intercambiar el cuadro Dos girasoles por uno de los suyos.

La relación entre los dos artistas fue intensa. Se admiraban mutuamente y a la vez rivalizaban y discutían hasta que la relación terminó repentinamente de forma trágica. Van Gogh trabajaba de forma rápida e impulsiva. Gauguin prefería unos trabajos más elaborados, con diferentes estudios preliminares.

Esta experiencia estética provocada por los girasoles dio a su vez, como contemplador de la experiencia estética exaltada de Van Gogh la obra "Van Gogh pintando girasoles" de Gaugin.

La escena está tomada desde arriba. El encuadre recorta los componentes esenciales: el pintor, la paleta, el caballete y la mesa con el jarrón de girasoles. El centro del cuadro queda bastante vacío. La tela es de cañamazo con una superficie granular. Gauguin aplicaba pintura relativamente seca en una capa fina.
El retrato de Van Gogh pintando girasoles refleja la tensión entre los dos pintores. La mirada es trastornada, extiende el brazo y maneja el pincel de forma forzada como un autómata. La posición tensa es una muestra de su inestabilidad. El contraste del fondo, con líneas de color horizontal sin contenido, resaltan el ánimo del pintor. Van Gogh reconoce su estado: «Era yo realmente, tal como estaba entonces, extremadamente cansado y cargado de tensión.» Según Gauguin, la apreciación de van Gogh fue: «Soy yo realmente, pero enloquecido».

Las manchas de la última cena

"La Gioconda" y "La última cena" de Leonardo son las dos pinturas más conocidas del mundo. La primera parece un barniz envejecido mientras que la segunda ya casi se ha disuelto en el muro en el que está pintada. Como resultado del gran deterioro del muro en el que se encuentra la pintura comenzó a deteriorase casi al tiempo de ser acabada, a causa de ésto ha sido retocada tantísimas veces que y vista por tantos ojos diferentes que está desapareciendo. Cada generación de observadores alimenta las manchas de esta pared con su ideario particular, con sus convicciones y universos particulares, hasta tal punto que aunque la imagen vaya transformándose sus gestos parecen inalterables.

El último autorretrato de Rembrandt.

Copiar es adentrarse en la mente de otro, copiar la imagen de uno; un trabajo de introspección. La afición de los grandes pintores por los autorretratos es bien conocida. Es casi un anhelo humano conocerse a través de lo que cada cual conoce, y, desde luego, lo que los pintores conocen es la pintura, aquellos que se atreven a autorretratarse desde la sinceridad descubrirán, en su imagen aquello, que aunque continuamente presente, se halla oculto.

Es bien conocida la gran cantidad de autorretratos que nos legó Van Gogh, sin embargo la gran cantidad de autorretratos de Rembrandt son también una gran expresión de su envejecimiento, de toda su evolución física artisitica y personal.

De entre todos (casi 90), en los que se muestran diferentes momentos y enigmas de su vida, quizá uno de los más impresionantes es su último autorretrato, en el que mirada tan penetrante es obvio está enfrentándose ante el enigma de la muerte, una mirada que apenas cambia en todos sus autorretratos, aunque en este último tenga , un ligerto toque apenas imperceptible, pero presente, que refleja, la serenidad de ser el último.

Este autorretrato, es tan próximo y tan real que es seguro que no está muerto, ¡sigue vivo!, y con toda su fuerza y sinceridad, hay que ser bravo y templado para enfrentarse a la realidad de esa nariz, que el mero hecho de pintarla con veracidad parece una ofensa, Es la verdad de esa nariz la que conecta al pintor y al observador: al retratante, al retratado y al observador, que en el proceso de creación de un autorretrato es la misma persona.